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Himnos

Venturoso en la lid Paulo Sexto
Como el cóndor erguido en el tiempo
Coronado de triunfos y gloria
Templo abierto de paz y oratoria.

Educar es tu gran manifiesto
Patria libre y amor hacia Cristo
La niñez con preclara memoria
Aprendió y hoy te cantan victoria.

Salve ¡Oh Paulo¡ Te rinden tributo
Ecuador y tus hijos de Quito
Por doquier tu verdad promisoria
Flameará cual pendón en la Historia

Letra y música: Msc. Manuel Gómez Ávila

HIMNO DE QUITO

Coro

Nuestros pechos, en férvido grito,
te saludan, Ciudad inmortal;
gloria a ti, San Francisco de Quito,
en tu historia “muy noble y leal”.

I

En las faldas inmensas de un monte
tu grandeza buscó un pedestal,
para henchir tu ambición de horizonte
y colmar tu ansiedad de ideal.

III

Y quién puede contar tus conquistas,
oh, leal y muy noble Ciudad,
eres cuna de héroes y artistas,
y una antorcha de luz y verdad.

V

Con la audacia triunfal que blasonas
ya tus hijos lucharon ayer,
y trajeron al grande Amazonas,
cual trofeo de reina a tus pies.

II

Oh ciudad española en el Ande,
oh ciudad que el incario soñó;
porque te hizo Atahualpa eres grande
y también porque España te amó.

IV

Cuando América toda dormía,
oh muy Noble Ciudad, fuiste Tú,
la que en nueva y triunfal rebeldía,
fue de toda la América luz.

VI

Aunque el tiempo veloz siempre rueda
y se esfuma en su noche el ayer,
siempre intacta tu gloria se queda
y es la misma en los siglos tu fe.

HIMNO DEL ECUADOR

Coro

Salve oh Patria, ¡mil veces!
Oh Patria! Gloria a ti! Gloria a ti!
Ya tu pecho, tu pecho rebosa.
Gozo y paz, ya tu pecho rebosa;
y tu frente, tu frente radiosa,
mas que el sol contemplamos lucir.
Y tu frente, tu frente radiosa,
mas que el sol contemplamos lucir.

I

Indignados tus hijos del yugo
que te impuso la ibérica audacia,
de la injusta y horrenda desgracia
que pesaba fatal sobre ti,
santa voz a los cielos alzaron,
voz de noble y sin par juramento,
de vengarte del monstruo sangriento,
de romper ese yugo servil..

III

De estos héroes al brazo de hierro
nada tuvo invencible la tierra,
y del valle a la altísima sierra
se escuchaba el fragor de la lid;
tras la lid la victoria volaba,
libertad tras el triunfo venía,
y al león destrozado se oía
de impotencia y despecho rugir.

V

Nadie, oh Patria, lo intente. Las sombras
de tus héroes gloriosos nos miran,
y el valor y el orgullo que inspiran
son augurios de triunfos por ti.
Venga el hierro y el plomo fulmíneo,
que a la idea de guerra, y venganza
se despierta la heroica pujanza
que hizo al fiero español sucumbir.

II

Los primeros los hijos del suelo
que, soberbio; el Pichincha decora
te aclamaron por siempre señora
y vertieron su sangre por ti.
Dios miró y aceptó el holocausto,
y esa sangre fue germen fecundo
de otros héroes que, atónito, el mundo
vio en tu torno a millares surgir.

IV

Cedió al fin la fiereza española,
y hoy, oh Patria, tu libre existencia
es la noble y magnífica herencia
que nos dio, el heroísmo feliz;
de las manos paternas la hubimos,
nadie intente arrancárnosla ahora,
ni nuestra ira excitar vengadora
quiera, necio o audaz, contra sí.

VI

Y si nuevas cadenas prepara
la injusticia de bárbara suerte,
gran Pichincha! prevén tú la muerte
de la patria y sus hijos al fin;
Hunde al punto en tus hondas entrañas
cuanto existe en tu tierra: el tirano
huelle solo cenizas y en vano
busque rastro de ser junto a ti.